jueves, 29 de julio de 2010

Porfirio Díaz. El Hombre.**Pedro Ángel Palou

Francisco Flores Aguirre

Francisco Flores Legarda


Porfirio Díaz. El Hombre.*
*Pedro Ángel Palou


El presidente Porfirio Díaz es la araña que
Teja del engaño y la injusticia que las
Arañas menores imitan.
RICARDO FLORES MAGON


Fuimos muy duros, algunas veces hasta llegar
A la crueldad; pero todo eso fue entonces
necesario para la vida y el progreso…Comen-
zamos por hacer que los salteadores fueran
condenados a muerte y que la ejecución se
llevara a cabo pocas horas después de haber
sido aprehendidos y condenados.
PORFIRIO DIAZ.


“Soy el aprendiz de cura, el novicio que nunca tomo los votos, el estudiante soldado, el guerrero. Soy el renegado, el apóstata, el blasfemo, el jacobino, el mil veces maldito. El liberal y el Pragmático, me decían como si supieran. Tuve la mano dura. La mano paternal. La mano de hierro. Si, es cierto, hice polvo con esa mano a quien se interpusiera en el camino. Orden y progreso no se logran fácilmente. No es tarea de pusilánimes.  Pocos están dispuestos a luchas, a dar, a entregarse. Soy guerra que no termina. Soy el prófugo, el tránsfuga. Cuantas veces escalé los muros de cárceles y de iglesias.”

Palabras duras de un hombre con la sombra de dictador, cuyos restos han pretendido ser traídos de Paris a México, por grupos de derecha vinculados al Gobierno Federal y al Pan. Vergüenza le daría volver a un país hecho trizas por la delincuencia, la corrupción, de quienes lo alaban y lo quieren poner en los altares de los héroes de la patria.

“El que gano una y otra vez las elecciones. El que tuvo que reelegirse una y otra vez para bien de su pueblo. Soy el viejo carpintero, el anciano que tuvo que irse del país, el inmemorial patriarca que murió lejos del sueño que quiso. Murió mi carne, porque yo sigo aquí, insepulto. Sin sosiego. Soy la calma. Soy el orden. Soy el único que ha podido entretener a la bestia ciega y feroz que se llama México. El único que pudo mantener la paz. Y sí claro, costó sangre. La sangre de pocos por la tranquilidad de muchos. Soy el ferrocarril y el petróleo, soy la riqueza y la tranquilidad, soy el acero y la modernidad. ¡Nunca antes se habían construido tantos edificios y monumentos. Nunca tantos después!



Estas líneas no tratan de rescatar lo bueno o malo del Gobierno de Díaz, solo de establecer un punto de reflexión. Siendo un dictador, busco a su manera la seguridad y el beneficio del pueblo, claro beneficio a los grandes industriales europeos y al lastre de empresarios de aquella época. Los del Pan invocan esta época, pero están lejos de tener la más mínima idea de lo que es gobernar, ser hombres de Estado. Se es o no se es. Duro o blando. No entienden que Díaz a quien tanto adoran, mantuvo una línea, que afecto la economía y la libertad de mayoría de los mexicanos, pero mantuvo una pax que el Gobierno de Calderón desearía aunque sea quince minutos.



Dice Díaz en palabras de Pablo Ángel; cuando estás en el poder te sobran amigos, abrazos, regalos, adulaciones. Cuando lo dejas, así sea como yo, apenas, te das cuenta de todos los enemigos que has hecho. En casi cuatro décadas he sido intocable, omnipresente. Hoy tengo que salir de un barco alemán por miedo a que uno de mis compatriotas me acuchille por la espalda como a un emperador romano. Hoy no sólo intuyo, huelo a mis enemigos. Los veo a los ojos y pienso: Es él, tiene que se él. Él te va a asesinar. No tengo miedo. Nunca lo tuve. Tengo dolor: Un dolor en el pecho, que es una mezcla de rabia y de impotencia.

Nuestros gobernantes no tienen amigos ni enemigos, tienen cómplices. Siameses que los ayudan a hacer dinero bajo la componenda y el dinero público. Acomodan a sus amigos para que no sean maltratados antes los cambios de administración. A su tiempo. La política actual es otro nombre para la deslealtad.



Dice Díaz sobre sus Memorias: “Curioso palabra esa, memorias….en plural. Pomposa manera de llamar a los recuerdos públicos. Tarde mucho en dictarlas, en pensarlas, en pulirlas”. La clase política que nos gobierna no creo que pueda siquiera saber tomar un papel para poner su nombre, ante la vergüenza que dejan con miles de muertos y pobres en las calles”.


Y afirma el General: “No soy el viejo general que huye, ahora lo sé bien, yo el sobreviviente de mi mismo. Es de piedra mi paciencia.”


Solo un pasaje de nuestra historia y si le interesa saber más los invitamos a leer el libro; Pobre Patria Mía, La novela de Porfirio Díaz de Pedro Ángel Palou.


Total, una vida sin reflexión y amor al trabajo no merece vivirse….y desde luego…Salud y larga vida.

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